En mis tiempos de reportero había dos periodistas de los llamados medios nacionales, a los que admiraba por su
capacidad, ingenio y sagacidad. Uno de ellos era Miguel Reyes Razo y el otro Fidel Samaniego. El primero escribía para
Excelsior y el segundo para El Universal.
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José Jaime AtondoBienvenido de nuevo Fidel SamaniegoEn mis tiempos de reportero había dos periodistas de los
llamados medios nacionales, a los que admiraba por su capacidad, ingenio y sagacidad. Uno de ellos era Miguel Reyes
Razo y el otro Fidel Samaniego. El primero escribía para Excelsior y el segundo para El Universal.Ambos eran amos y
señores de ese género prácticamente casi olvidado y poco valorado -por las dificultades que implica su elaboración- del
periodismo: la crónica.Por ello, pocos en el país –y en el mundo- la dominanNo sé por qué razones, pero Fidel había
determinado una especie de retiro activo, dejándonos abandonados a quienes admiramos este género y, muy
especialmente, su enorme capacidad –la de Fidel- para desarrollarlo.Hoy, con enorme satisfacción, en El Universal devoré
la magnificencia periodística de este hombre.Y hoy, como una especie de homenaje, voy a permitir reproducir en este
humilde espacio la columna de este gran periodista, esperando que El Universal no me vaya a sancionar por tal
atrevimiento.He aquí:Ganaron la presidencia. ¿Perdieron el partido?No, desde luego que Carlos Castillo Peraza no
parecía un hombre derrotado. Entró a la oficina y saludó. No dio tiempo a contestar. De inmediato se soltó con un verso. Y
luego con una broma. Unos días antes había perdido la elección por la jefatura de gobierno del Distrito Federal ante
Cuauhtémoc Cárdenas. Pero ni en su voz, ni en su gesto, ni en su ánimo, había huellas de lo acontecido. Platicamos.
Reconoció que en su campaña pudo haber varios errores. Y que el era responsable de muchos de ellos. Pero, insistió, no
se arrepentía de su negativa a aparecer en la contienda, en los mensajes propagandísticos como un mero producto
comercial, como un personaje de pacotilla. “Ante todo los principios, y la honestidad intelectual. No propiné golpes bajos,
ni en promesas mentirosas. Y es que ¿sabes? El poder por el poder, a costa de lo que sea, no me interesa” dijo aquel
tipo de ingenio, de una pieza, el que se calificaba como “pecador standard” y presumía de haber sido panista de los de a
pie, de pegar carteles, de pintar bardas, de intentar cuidar casillas de las maniobras de los priístas. No, aquella tarde de
julio, Carlos Castillo Peraza no parecía, no era un hombre derrotado. Mantenía su dignidad, sus convicciones. Poco antes
de la elección, en el que fue su cuartel de campaña, reunió a su equipo, incluidos los más modestos colaboradores, y
pronunció un mensaje emocionante, intensamente humano, profundamente panista. “¡Como nos hace falta Castillo
Peraza!” escuché tiempo después a Felipe Calderón, en una plática de confianza. Carlos ya había fallecido. Y la misma
frase ha sido pronunciada varias veces por diversos personajes, militantes de Acción Nacional. Los panistas. Los que
tanto hablaban de bien común, de patria ordenada y generosa. De camaradería. De ética política. Los que manifestaban
orgullosos su militancia, sus convicciones, lo mismo en la tribuna de la Cámara de Diputados convertida en Colegio
Electoral para impugnar resultados en las urnas, comicios que, denunciaban, eran fraudulentos, que a las mesas de sus
hogares, o en conversaciones de amigos. Y el PAN ganó la Presidencia de la República. ¿El PAN? ¿El fenómeno Fox?
¿El hartazgo de tantos años de priísmo? “Fox no sacó al PRI de Los Pinos, fue Ernesto Zedillo” solía decir Roberto
Madrazo antes de su desastrosa campaña en el 2006. Y esa noche de las elecciones presidenciales, y durante el
nacimiento del nuevo día, hubo fiesta en la Ciudad de México y en otras ciudades. En torno a la Columna de la
Independencia, una multitud aclamó a Vicente Fox, pero también le pidió...o le advirtió: “¡No nos falles, no nos falles!” Los
panistas en el poder. Durante el pasado sexenio, de voces de Acción Nacional se supo, lo aseguraban, que filtraciones,
chismes e incluso sucios rumores sobre la autodenominada pareja presidencial y de la familia, de las hijas del entonces
presidente de la República, salían de la misma residencia oficial, del equipo foxista. Han pasado los años y personajes
del primer círculo calderonista, de los cercanos por lo mismo a Juan Camilo Mouriño aseguraban hace algunas
semanas, lo sostienen, que los documentos, las supuestas pruebas del presunto tráfico de influencias en el que habría
incurrido el secretario de Gobernación, fueron enviados a Andrés Manuel López Obrador de parte de remitentes panistas.
Fuego amigo pues. Panistas. Los que aparecen en las fotos, ante los ojos de los demás, como unidos, disciplinados,
convencidos, en camaradería. Los que en voz baja, en cuanto pueden, cuentan de sus diferencias. “¿Para eso ganamos,
para que tengamos que aceptar la alianza con Elba Esther? Para que Manlio o Emilio sean los que de algún modo nos
muevan los hilos, nuestros propios hilos?” Me decía apenas ayer un legislador de los más apasionados integrantes del
PAN. El y otros se han quejado de las votaciones que han tenido que aceptar por línea presidencial aunque sus
convicciones sean otras. “¡Les vendimos nuestra alma a los priístas a cambio de que hicieran el quórum en la sesión en la
que Calderón rindió protesta! Y ahora ellos son los que deciden por nosotros, o los que hacen que decisiones que
habíamos tomado tengan que ser cambiadas” dijo una noche en San Lázaro la guanajuatense Marcela Cuen. Poco
después me manifestó su indignación porque, decía, en la universidad de su estado hay militantes de su partido, ex
funcionarios del gobierno estatal que están en nóminas, cobran, pero no trabajan. Y ...¿a quién, a qué se refería
Germán Martínez Cázares cuando, en su discurso durante la pasada Asamblea Nacional sentenció que nunca más se
permitiría que “alguien” utilizara al PAN para sus intereses personales? Asamblea a la que no fue Manuel Espino, el ex
dirigente. Tampoco fue mencionado en ninguno de los discursos. ¿Será que el poder les hace iguales? ¿No dijeron
que con ellos todo sería distinto? ¿O sí lo es? ¿Ustedes qué dicen? Hasta aquí la columna de Fidel Samaniego, del cual
no me queda la menor duda de que si hubiese sabido que aquí en Sonora, el Senador Guillermo Padrés Elías, quien
aspira a ser gobernador de este estado, se reunió con 14 delegados federales, todos ellos, afiliados al PAN, en un evento
evidentemente proselitista.Lo cual no tendría nada de raro ni criticable, a no ser por una desafortunada frase del
Delegado de Semarnat, John Swanson, quien al término de la reunión dijo que Padrés podría compararse con Jesucristo
y ellos –los delegados en Sonora de las diversas dependencias federales- con ¡sus apóstoles!Por lo cual, los panistas ya
en el poder no se miden ni paran ante nada. Y si se comparan con Dios y sus apóstoles, pues mucho me temo que para
ellos el Diablo ya no existe.Y me quedó, entonces, con la última línea de la columna de Fidel, respecto de la personalidad .
de los panistas de hoy:¿Será que el poder les hace iguales? ¿No dijeron que con ellos todo sería distinto? ¿O sí lo es?
¿Ustedes qué dicen? ¡Adiós-
deFS