lunes, 30 de marzo de 2009

Mientras avanza el dengue, regalan gorras proselitistas de Sandra Mendoza


ni los repelentes alcanzan.

El ministro de Gobierno Oscar Peppo fue a la localidad más afectada por la enfermedad. Terminó "refugiado" en la comuna, tras un cordón policial.


Mientras la epidemia de dengue avanza en Chaco, el gobierno de Jorge Milton Capitanich tiene llamativas formas de combatirlo. Luego que Perfil.com difundiera hace un par de dias que se utilizaban insecticidas vencidos para combatir al mosquito causante d ela enfermedad en la ciudad de Roque Sáenz Peña, la situación se ha agravado. El martes el intendente de Charata, Miguel Tejedor, confirmó que también allí se detectaron partidas de insecticidas vencidos, y hasta ironizó señalando que el gobierno provincial "vino a perfumar a los mosquitos".

Ayer, justamente en Charata se vivió una jornada cargada de nerviosismo y tensión popular. Ante el cariz de la cuestión, que ya ha regado de casos de dengue a las provincias limitrófes, incluso se atendieron infectados en el hospital Muñiz en Capital, Capitanich envió hoy al ministro de Gobierno Oscar Peppo a Charata, a mostrar "gestión".

El funcionario se encontró con decenas de periodistas, el tema ya está instalado a nivel nacional, y trató de defender lo actuado, calificando de "pequeños errores" lo de los insecticidas vencidos y repitiendo hasta el cansancio ante todos los micrófonos "está todo controlado".

El asunto empezó a complicarse cuando numerosos vecinos empezaron a reunirse frente al hospital local, donde Peppo atendía a la prensa, de algunos gritos se pasó a los insultos, llegaron los empujones y Peppo debió literalmente escapar de la gente, recluyendose con sus seguidores en el edificio de la municipalidad. Un nutrido grupo de los airados vecinos de Charata lo siguió, por lo que convocaron de urgencia a la policía para que forme un grueso cordón ante el edificio comunal. Peppo, a las 23, llevaba más de tres horas "refugiado", esperando el momento para salir y volver a Resistencia.

Lo de "está todo controlado" hizo enojar a los pacíficos vecinos de Charata, pero hubo otro detalle, que muestra un desopilante sentido de lectura política. El grupo de allegados que acompañó a Peppo a Charata trató de repartir unas hermosas gorras blancas, que no encontraron demasiado eco en muchos lugareños: mostraban, prolijamente tejida, la imagen de la esposa de Capitanich, ministra de salud de la provincia jaqueada por el dengue, con la leyenda "Sandra Mendoza, con los ciudadanos siempre".

A la misma hora en que todo eso pasaba, Capitanich defendía al gobierno nacional polemizando sobre retenciones con Eduardo Buzzi en los estudios de TN, en la Capital Federal.

En mis tiempos de reportero había dos periodistas de los llamados medios nacionales, a los que admiraba por su
capacidad, ingenio y sagacidad. Uno de ellos era Miguel Reyes Razo y el otro Fidel Samaniego. El primero escribía para
Excelsior y el segundo para El Universal.
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José Jaime AtondoBienvenido de nuevo Fidel SamaniegoEn mis tiempos de reportero había dos periodistas de los
llamados medios nacionales, a los que admiraba por su capacidad, ingenio y sagacidad. Uno de ellos era Miguel Reyes
Razo y el otro Fidel Samaniego. El primero escribía para Excelsior y el segundo para El Universal.Ambos eran amos y
señores de ese género prácticamente casi olvidado y poco valorado -por las dificultades que implica su elaboración- del
periodismo: la crónica.Por ello, pocos en el país –y en el mundo- la dominanNo sé por qué razones, pero Fidel había
determinado una especie de retiro activo, dejándonos abandonados a quienes admiramos este género y, muy
especialmente, su enorme capacidad –la de Fidel- para desarrollarlo.Hoy, con enorme satisfacción, en El Universal devoré
la magnificencia periodística de este hombre.Y hoy, como una especie de homenaje, voy a permitir reproducir en este
humilde espacio la columna de este gran periodista, esperando que El Universal no me vaya a sancionar por tal
atrevimiento.He aquí:Ganaron la presidencia. ¿Perdieron el partido?No, desde luego que Carlos Castillo Peraza no
parecía un hombre derrotado. Entró a la oficina y saludó. No dio tiempo a contestar. De inmediato se soltó con un verso. Y
luego con una broma. Unos días antes había perdido la elección por la jefatura de gobierno del Distrito Federal ante
Cuauhtémoc Cárdenas. Pero ni en su voz, ni en su gesto, ni en su ánimo, había huellas de lo acontecido. Platicamos.
Reconoció que en su campaña pudo haber varios errores. Y que el era responsable de muchos de ellos. Pero, insistió, no
se arrepentía de su negativa a aparecer en la contienda, en los mensajes propagandísticos como un mero producto
comercial, como un personaje de pacotilla. “Ante todo los principios, y la honestidad intelectual. No propiné golpes bajos,
ni en promesas mentirosas. Y es que ¿sabes? El poder por el poder, a costa de lo que sea, no me interesa” dijo aquel
tipo de ingenio, de una pieza, el que se calificaba como “pecador standard” y presumía de haber sido panista de los de a
pie, de pegar carteles, de pintar bardas, de intentar cuidar casillas de las maniobras de los priístas. No, aquella tarde de
julio, Carlos Castillo Peraza no parecía, no era un hombre derrotado. Mantenía su dignidad, sus convicciones. Poco antes
de la elección, en el que fue su cuartel de campaña, reunió a su equipo, incluidos los más modestos colaboradores, y
pronunció un mensaje emocionante, intensamente humano, profundamente panista. “¡Como nos hace falta Castillo
Peraza!” escuché tiempo después a Felipe Calderón, en una plática de confianza. Carlos ya había fallecido. Y la misma
frase ha sido pronunciada varias veces por diversos personajes, militantes de Acción Nacional. Los panistas. Los que
tanto hablaban de bien común, de patria ordenada y generosa. De camaradería. De ética política. Los que manifestaban
orgullosos su militancia, sus convicciones, lo mismo en la tribuna de la Cámara de Diputados convertida en Colegio
Electoral para impugnar resultados en las urnas, comicios que, denunciaban, eran fraudulentos, que a las mesas de sus
hogares, o en conversaciones de amigos. Y el PAN ganó la Presidencia de la República. ¿El PAN? ¿El fenómeno Fox?
¿El hartazgo de tantos años de priísmo? “Fox no sacó al PRI de Los Pinos, fue Ernesto Zedillo” solía decir Roberto
Madrazo antes de su desastrosa campaña en el 2006. Y esa noche de las elecciones presidenciales, y durante el
nacimiento del nuevo día, hubo fiesta en la Ciudad de México y en otras ciudades. En torno a la Columna de la
Independencia, una multitud aclamó a Vicente Fox, pero también le pidió...o le advirtió: “¡No nos falles, no nos falles!” Los
panistas en el poder. Durante el pasado sexenio, de voces de Acción Nacional se supo, lo aseguraban, que filtraciones,
chismes e incluso sucios rumores sobre la autodenominada pareja presidencial y de la familia, de las hijas del entonces
presidente de la República, salían de la misma residencia oficial, del equipo foxista. Han pasado los años y personajes
del primer círculo calderonista, de los cercanos por lo mismo a Juan Camilo Mouriño aseguraban hace algunas
semanas, lo sostienen, que los documentos, las supuestas pruebas del presunto tráfico de influencias en el que habría
incurrido el secretario de Gobernación, fueron enviados a Andrés Manuel López Obrador de parte de remitentes panistas.
Fuego amigo pues. Panistas. Los que aparecen en las fotos, ante los ojos de los demás, como unidos, disciplinados,
convencidos, en camaradería. Los que en voz baja, en cuanto pueden, cuentan de sus diferencias. “¿Para eso ganamos,
para que tengamos que aceptar la alianza con Elba Esther? Para que Manlio o Emilio sean los que de algún modo nos
muevan los hilos, nuestros propios hilos?” Me decía apenas ayer un legislador de los más apasionados integrantes del
PAN. El y otros se han quejado de las votaciones que han tenido que aceptar por línea presidencial aunque sus
convicciones sean otras. “¡Les vendimos nuestra alma a los priístas a cambio de que hicieran el quórum en la sesión en la
que Calderón rindió protesta! Y ahora ellos son los que deciden por nosotros, o los que hacen que decisiones que
habíamos tomado tengan que ser cambiadas” dijo una noche en San Lázaro la guanajuatense Marcela Cuen. Poco
después me manifestó su indignación porque, decía, en la universidad de su estado hay militantes de su partido, ex
funcionarios del gobierno estatal que están en nóminas, cobran, pero no trabajan. Y ...¿a quién, a qué se refería
Germán Martínez Cázares cuando, en su discurso durante la pasada Asamblea Nacional sentenció que nunca más se
permitiría que “alguien” utilizara al PAN para sus intereses personales? Asamblea a la que no fue Manuel Espino, el ex
dirigente. Tampoco fue mencionado en ninguno de los discursos. ¿Será que el poder les hace iguales? ¿No dijeron
que con ellos todo sería distinto? ¿O sí lo es? ¿Ustedes qué dicen? Hasta aquí la columna de Fidel Samaniego, del cual
no me queda la menor duda de que si hubiese sabido que aquí en Sonora, el Senador Guillermo Padrés Elías, quien
aspira a ser gobernador de este estado, se reunió con 14 delegados federales, todos ellos, afiliados al PAN, en un evento
evidentemente proselitista.Lo cual no tendría nada de raro ni criticable, a no ser por una desafortunada frase del
Delegado de Semarnat, John Swanson, quien al término de la reunión dijo que Padrés podría compararse con Jesucristo
y ellos –los delegados en Sonora de las diversas dependencias federales- con ¡sus apóstoles!Por lo cual, los panistas ya
en el poder no se miden ni paran ante nada. Y si se comparan con Dios y sus apóstoles, pues mucho me temo que para
ellos el Diablo ya no existe.Y me quedó, entonces, con la última línea de la columna de Fidel, respecto de la personalidad .

de los panistas de hoy:¿Será que el poder les hace iguales? ¿No dijeron que con ellos todo sería distinto? ¿O sí lo es?
¿Ustedes qué dicen? ¡Adiós-
deFS

Tener o no tener, poder o no poder, he ahí el gran dilema


Apareció, entró en mi vida, de pronto, sin anuncio ni invitación.

“¡Ooooooooh soooooleeeeee míooooooooo!” cantó de pronto con su potente, vibrante, bien modulada voz de barítono.

Yo me sobresalté, fue evidente. Di la media vuelta, y encontré una mirada de frente, una sonrisa abierta, franca, de hombre bueno.

Supe luego que le llamaban “El Perro”, nadie sabía por qué.

Oscar…Oscar…Oscar…¿cómo se apellida?.

Oscar El Perro. O Señor Don Perro como le decía mi hijo.

Después de ese primer encuentro en los vestidores del club, hubo otro, y otro, muchos.

Platicábamos cada vez más.

Como Dios nos trajo al mundo. Bueno, es un decir, con el deterioro en los cuerpos, ya en el vapor, ya en los vestidores, pero también, luego, sentados a una mesa en la cafetería.

Una mesa a la que llegaban hombres de su edad, mayores de setenta años.

Uno de ellos, el maestro Pepe Villafuerte, hombre sabio, honesto, había sido compañero de Oscar desde la preparatoria, hicieron juntos la carrera.

Tertulias en las que debatíamos, bromeábamos, compartíamos, aprendíamos. No había ofensas de nadie para nadie. Respeto ante todo.

Un día, el maestro Pepe dejó de acudir a las citas. Poco después supimos que cuando le informaron los doctores que su salud había empeorado, que se deterioraría paulatinamente, dejó de comer. Ni un solo bocado, ni un trago de agua. Ordenó que no nos avisaran nada sus familiares. Les prohibió que lo llevaran al hospital.

Lo desobedecieron cuando quedó inconsciente, casi en coma.

Y con su muerte, mi querido Perro empezó a morir.

Ya no era el mismo.

Casi no cantaba. Dejó de jugar al básquet. Se ausentó de las tertulias y nos dijo alguien que estaba mal, que había recaído, pero que no quería que lo viéramos débil, demacrado.

Años atrás le habían detectado hepatitis C. Pero no parecía atacado por dicho mal. Siempre animoso, positivo, alegre.

Una mañana regañó a dos viejitos que mientras se vestían no dejaban de platicar de sus males, de los achaques, de las medicinas.

“¡Dejen de rendirle culto a la enfermedad, hablen de la vida, de lo bueno que hemos tenido, de la belleza del ser humano, que por eso, es parte del Creador!, es, somos creación divina”, les dijo.

Cuando cumplió 80 años no quiso regalos, nos regaló una carta bella por humorística, por sencilla. Y firmó con un sellito, como una huella, la de un can, y con su sobrenombre: “El Perro”.

Él y sus obsequios.

A Yoab, a quien le gustan el bel canto, la música clásica, le dio un hermoso volumen sobre Opera. En diciembre pasado, en la comida de amigos del club, a cada quien nos dio un dulce y un viejo libro.

Poco después, al salir del vapor, me percaté de que alguien estaba tirado en una banca, le ponían oxígeno. Era él. Me acerqué, tomó mi mano, me sonreía pero la mirada era triste. “Perrito, nada de que te nos vas, y luego…

¿Quién va a cantar?, le dijo otro de los que estaban ahí.

Su respuesta: “La donaaaa inmóvile, cual piuma al veeentoooo”, entonado, con una voz que le salía de ese corazón que cobraba fuerza para darnos alegría.

El fin de semana vi una película francesa “Mi mejor amigo”. Pensé que cuando viera a Oscar se la platicaría, la comentaría, como a él le gustaba, destacando las partes positivas, lo que nos debe quedar.

Y el lunes, así, de pronto, una amiga me dijo que él…que él…que…

Se fue, así como llegó a mi vida, sin avisar, sin pedir permiso.

No, ya no podré pellizcarle las mejillas, ni voltearle la gorra para decirle que es el abuelito del rap, ni jugar a que lo reto a boxear con la guardia de los peleadores de principios del siglo pasado, ni a enojarme cuando toma mi cigarro del cenicero y decirle que ahí está la cajetilla, que tome uno, dos, pero no el mío.

Perro ya podrás estar allá, en algún lugar del infinito sobresaltando a quienes, a sus espaldas les sueltes tu vozarrón, tu “¡Ooooooo sóoooole miiiooooooo!”.

Viernes.

Hoy comparto con ustedes este recuerdo.

No, no hay tristeza, el descansa y seguro que en paz.

¿Quieren contar de quien ha sido su mejor amigo, amiga?.

Alguien me platicó alguna vez que el peor apodo que ha escuchado fue el aplicado a un tipo al que le decían “El sin amigos”.

Sí, difícil tenerlos, conservarlos.

Hay quienes no es que no quieran, no pueden.

¿Ustedes qué piden, qué ofrecen por y para una amistad?.

Recordemos pues, compartamos.

Gracias.

Dice el:

Fidel Samaniego / reportero, cronista. Y lo seré hasta el último de mis días. Y si volviera a nacer… pues lo mismo o mejor si se pudiese. Aquí, en EL UNIVERSAL, mi cuna, mi casa, fui reportero de Espectáculos. Y posiblemente eso me ha ayudado a comprender a quienes participan en el gran escenario de la política. Y he podido verlos y describirlos sin maquillajes. Me he metido en sus camerinos, y he podido ver lo que hay entre las líneas de sus parlamentos. Ellas, ellos, ni buenos ni malos, políticos. En la lucha por el poder. Y sus perfiles, y sus historias, en escena o tras bastidores.

Soy caminante de nuestros caminos, los de ustedes, los míos. Y de ello hablamos, porque somos DE CONFIANZA usted o… tu… o tu y yo. Nosotros. En la producción de EL UNIVERSAL Televisión, en este portal, de lunes a viernes a las 19.30 horas, y como una nueva experiencia en nuestro país, al mismo tiempo, con el blog que te necesita, que quiere saber lo que piensan, lo que dicen, lo que opinan tu, tu, ustedes, nosotros. ¿Listos? ¡A encontrarnos!